El arrecifeño es cuádruple campeón del TC, la categoría más popular de los fierreros locales, pero al mismo tiempo da pelea en todos los torneos virtuales porque su formación se dio más en los simuladores que en karting.
Dice que a esta altura está bastante acostumbrado, pero no deja de extrañar. Agustín Canapino no se sube a un auto de carreras desde principios de marzo, cuando compitió en Neuquén. “Parece una eternidad -asegura-. Durante más de 10 años hice tres categorías, corría todos los fines de semana y ahora esto, es una diferencia abismal. Nunca en mi vida estuve tanto tiempo en mi casa”.
El cuádruple campeón de Turismo Carretera (y actual defensor de la corona) pasa días inéditos para lo que es su vida cotidiana en estos tiempos de cuarentena. En compañía de Josefina, su novia, y sus dos perros: el suyo, un “calleja” -como lo define- de nombre Pistón, más Milo, el chihuahua de ella, desanda un recorrido mucho más lento del habitual, sin chicanas ni rectas donde supere los 300 kilómetros por hora.
Si bien se mueve poco, cumpliendo con el aislamiento social, preventivo y obligatorio, no tiene tiempo de aburrirse demasiado ya que -además de estar puliendo su inglés a través de un curso online- pasa múltiples horas por día frente al volante practicando para eventos como el Campeonato de las Estrellas del Súper TC 2000.
No se trata de salir a la calle, sino de sentarse en el rincón de la casa que tiene exclusivamente preparado para ello: ahí en esa suerte de santuario personal donde está el simulador de carreras que se convirtió en profesión.
Entre prácticas y carreras, Canapino ocupa buena parte de su tiempo y gracias a los eSports puede obtener ganancias económicas, pero lejos está de tirar manteca al techo con lo que gana en el mundo virtual. Sobre todo porque tiene un equipo que mantener junto a su padre, el mítico preparador Alberto.
“Esto nos afecta muchísimo porque tenemos que mantener sueldos e infraestructura sin ingresos y se hace muy cuesta arriba. Hay otros dueños que no viven directamente del automovilismo y se les hace más fácil, pero para nosotros, que vivimos de esto, se está complicando mucho”, reconoce el piloto.
Canapino entiende la situación y está plenamente de acuerdo con la cuarentena. “Me gusta aprender y estar al tanto y tengo claro que el coronavirus es súper contagioso, por lo que trato de ni salir -asegura-. Es duro, pero por más que yo no sea paciente de riesgo tengo que pensar en los demás. Eso es lo más importante”.
Si la actividad regresa en mayo o junio, según sus cálculos, el Canapino Sport podrá asumir sus compromisos financieros. “Tenemos algo como para cubrirnos porque al equipo le está yendo bien desde hace algunos años. Pero si es después, la situación cambiará y habrá que ver qué se hace”, admite el piloto.
El retorno del automovilismo también implica el cómo. El arrecifeño tiene algunos puntos bastante claros desde su perspectiva: “Me parece que junto al fútbol será de lo último que vuelva a la actividad porque convoca gente de forma masiva. Antes de que pasara todo esto, cualquiera te hubiera dicho ‘¿cómo el TC sin público? Es imposible’. Hoy creo que es lo que tiene que pasar y no sólo eso: con la mínima cantidad de gente posible en boxes, con ingenieros trabajando virtualmente desde las casas, con barbijos y contacto limitadísimo para los que estemos ahí… Creo que teniendo todas las precauciones necesarias se puede retornar a la actividad antes de que se desmorone todo y también me parece una linda oportunidad para ofrecer un espectáculo a todos aquellos que no pueden salir de sus casas porque están en grupos de riesgo”.
Mientras tanto, la vida patas para arriba. En un mundo que a Canapino lo apasiona pero que, según explica, no tiene nada que ver con la realidad.
“Lo que más se extraña son las carreras. Es una gran realidad eso de que uno valora lo que tiene cuando no lo tiene. Si bien me entusiasmaba mucho cada fin de semana de competencia, es como que ahora lo extraño más que nunca y cuando vuelva al TC voy a valorar cada momento quizás como no lo hacía antes. El de los simuladores es un mundo virtual y por más que intente imitarlo, y que lo haga muy, muy bien, las diferencias van a existir siempre. No hay nada que reemplace el correr de verdad, la adrenalina y en particular, lo que te entrega estar arriba de un TC. No hay nada en el mundo como eso”, asevera.
El mundo virtual
Las bondades de la tecnología y su buena adaptación a la competencia virtual, de la que él mismo se considera producto ya que no corrió en kartings pero sí “manejó” desde pibe en los videojuegos, le permiten a Canapino mantenerse activo en estos tiempos de cuarentena: participa de una larga lista de eventos de eSports o iRacing, como se denomina a las carreras en simuladores.
“La actividad virtual es enorme y en estas semanas se ha vuelto mi profesión -reconoce Agustín-. Tengo carreras por las que recibo un beneficio económico y eso lleva a que se profesionalice. Al necesitar sólo una sala y poder correr una carrera atrás de la otra, se puede correr muchísimo. Me la paso todos los días muchas horas en el simulador”.
Pese a que no hay un auto de verdad involucrado, los simuladores copian los suficientes detalles como para que el “auto” de Canapino requiera una preparación previa. “Se le llama set up -explica- y se usa más que nada en los eventos en que corren los profesionales del mundo virtual. Ahí, como se puede entrenar tanto como tengas de tiempo, todo pasa a ser híper detallista. En cambio, cuando corren sólo los pilotos de la realidad, por lo general todos usan la misma puesta a punto”.
Como le viene ocurriendo en algunos eventos del Team Redline, un importante equipo de eSports que lo invitó a participar de pequeños certámenes, el hombre de Arrecifes se encuentra en el mundo virtual con la posibilidad de competir con algunos pilotos destacadísimos.
En el caso mencionado le tocó compartir cartelera con, por ejemplo, los Fórmula 1 Max Verstappen y Lando Norris. “Sin duda es muy especial correr contra ellos y también con otros pilotos que quizás acá no son tan conocidos pero sí tienen mucho prestigio en Europa. Son todos tipos con los que no podría competir si no fuera por el mundo virtual, por lo que es una linda experiencia”.

Sus buenas performances (logró un segundo puesto el último miércoles) certifican su condición de piloto top en simuladores, pero no lo confunden. “Hay que saber discriminar la situación y saber que son dos universos completamente distintos. No tomo esos resultados como si pudiera medirme con ellos más allá del mundo virtual, que no se pisa con el de la realidad. En este marco puedo pelear con los mejores y trabajo para eso; eso seguro”, asegura el Cabezón.
Clarín.

 

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