03/04/2025 - Edición Nº398


Los Escribientes

HISTORIAS DEL FISCAL

21 de Septiembre

24/10/2024 | Este cuento forma parte del libro “Historias del Fiscal” y fue escrito especialmente para el cumpleaños Nº 160 de la Escuela Adolfo Alsina, a la que todos, en Arroyo Seco, llamamos “la Fiscal” o “la 73”


por Mónica Tettamanti


El Negro siempre está en la puerta de la Escuela Fiscal, parece un portero más recibiendo a los chicos. En el turno tarde quizás vaya a otra escuela pero en el turno mañana tiene asistencia perfecta en La 73.

Todos pasan y le acarician la cabeza, él responde con una agachada de orejas y a algunos les da la pata, que siempre tiene salpicadas de barro seco. Sus amigas preferidas son Charo y Valentina. Entra a la escuela cuando llegan ellas. Hoy las nenas  traen más entusiasmo que de costumbre, es el día de la primavera y las maestras prometieron actividades especiales. Así que tienen buen presentimiento.¨Hola, Negro¨ le dicen apenas, y él tiene que trotar para seguirles el ritmo.

Pasado un rato largo, en el que seguramente hubo saludos y preparativos, los tres volvieron a aparecer en el patio. Esta vez es el Negro el que lleva la delantera ladrando y saltando, demostrándoles que está dispuesto a unirse a la diversión que sea. Charo y Valentina traen en los brazos pilas de papeles de todo tipo y tamaño. Son diarios viejos, hojas de revistas, afiches enteros, recortes de afiche y papeles de envoltorio. Traen también una caja en donde depositan  todo y se van a buscar más papel, engrudo hecho con harina y agua, hilo, tijeras. Para esto tienen que ir y venir muchas veces pero no se cansan. Charlan, se ríen mucho. Cuando van, corren carreras que siempre gana El Negro.

Una vez que juntaron todo lo necesario se arrodillan al lado de la montaña de cosas y empiezan a embadurnar los papeles con el engrudo. ¨Negro, no es comida, es pegamento!! ¨ lo retan. El barrilete va creciendo deforme sobre el piso. Parecen estar construyendo el  gran planisferio de un nuevo mundo en expansión. En las partes correctas pegan las cañas, atan hilos y se sientan al sol a esperar que se seque. El Negro puede también relajarse, dormir un rato en la sombra más cercana.

Cuando el pegote de papeles  está a punto, Charo lo levanta con sus manos hasta lo más alto y Valentina se aleja desenrollando el hilo para que se mantenga en el aire. Ahí empiezan a  correr. Las dos nenas y el perro corren como locos de una punta a la otra del patio, aceleran en cada vuelta, saltan por encima de los otros barriletes a medio armar.

Con la velocidad, el de ellas empezó a volar más alto. Cuando se desplegó en su totalidad reveló que la figura más importante, que se distinguía y planeaba, era la de un perro negro con ojo de lentejuela, un ojo brillante que reflejaba su corazón amable, como el de carne y hueso.¨Mirá, Negro! estás volando!! ¨ gritaron ellas y él ladraba mientras intentaba morder la cola hecha de papeles de colores que cada vez se elevaba más.

Cuando a los cincuenta y pico de años, Charo se siente a escribir esta historia descubrirá que ese Día de la Primavera no fue ¨Fábrica de Barriletes¨como lo habían nombrado las Seños, le hubiera quedado  mejor el título de ¨Fábrica de recuerdos para toda la vida¨.

Los 21 de Septiembre se especializan en eso.